El Museu del Disseny repasa la elegancia de los sombreros de Balenciaga

El sombrero fue durante una larga época un elemento de distinción. Un accesorio que permitía al individuo mostrar su clase y status social, según la forma y calidad del que estaba hecho dicho complemento. En esta tesitura no es de extrañar que grandes diseñadores tuvieran un especial cuidado en la elaboración de estos accesorios. Chanel o Jeanne Lanvin, por ejemplo, empezaron como sombrereras. Y otros, como Balenciaga, dejaron su impronta en exquisitos tocados y sombreros que forman parte de la historia de la moda.

Ahora la exposición “Balenciaga. La elegancia del sombrero”, se centra en los sombreros y tocados de Cristóbal Balenciaga, que se crearon en el departamento de sombrerería de la casa de Alta Costura en París y Madrid, desde finales de los años 30 hasta el cierre de firma en 1968.

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La exposición, comisariada por el Balenciaga Museoa y el Museu del Disseny de Barcelona, cuenta con más de 80 piezas y una decena de conjuntos pertenecientes a ambos museos. La muestra profundiza en la singularidad del trabajo del diseñador, resaltando las formas innovadoras, la búsqueda de materiales y técnicas, y el carácter artesanal de su producción de sombreros. Con especial hincapié en el papel de las mujeres en todo ese proceso. Ellas eran las que daban forma a los diseños y a las creaciones de Balenciaga, ellas era las que los vendían, ellas eran las lo que los usaban.

La exhibición repasa las fuentes de inspiración de las que bebió el diseñador para hacer sus magníficas creaciones. Desde los grandes sombreros de paja de los campesinos del Mediterráneo, hasta las tradicionales boinas de la cultura vasca. Desde las tocas de  las monjas y los sombreros planos de grandes alas de los sacerdotes, hasta los que surgían del mundo taurino, como las monteras.

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Los sombreros de Balenciaga estaban hechos de azabache, de macramé o de encaje, por ejemplo. Se atrevía con materiales insólitos para un sombrero, con colores y ornamentos llamativos, que sin embargo no les restaba elegancia. Solían ser sombreros monocromos y, solo excepcionalmente, elegía más de dos colores.

Sus volúmenes eran depurados y estilizados, con formas simples, casi abstractas, que los convertían en auténticas esculturas.

Luego el diseñador también tenía en cuenta a sus clientas. Eligiendo el color, la forma y el material que mejor le sentaba a cada mujer, en función de su anatomía, en incluso de su expresión. Unas clientas que anhelaban sus creaciones por su elegancia y por el prestigio que conllevaba poseer un Balenciaga.

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La exhibición “Balenciaga. La elegancia del sombrero” podrá verse hasta el 3 de octubre en el Musseu del Disseny de Barcelona. Posteriormente, a partir de mayo del 2022, se podrá también ver en el Museo Cristóbal Balenciaga de Getaria.

© Imágenes Musseu del Disseny Barcelona; Balenciaga Museoa

DREAMS OF LUXURY

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